Por Neptuno

Finalmente, el alumno siempre supera al maestro. Hay cosas que muy en el fondo siempre sabemos, podemos profundizar en ellas, podemos luchar contra ellas, podemos hacerles cosquillas hasta que se mueran de risa, o castigarlas a ir en el asiento trasero durante todo el tiempo que quieras, pero eso se convertirá en miradas que se cruzan en el retrovisor, en barbillas altivas y ceños orgullosos ¿Y la realidad? No van a pedirte permiso para volver a sentarse delante. Puedes seguir ignorándolo, pero al final pasa, no sabes si es mucho o poquito, pero está ahí. ¿Qué es? Son ganas. “Pues que a mí de vez en cuando, esporádicamente, me gustaría tenerte.” Y con ese escalofrío, una pizza y la promesa de regalarte un beso de peli, seguirás ahí, cultivando tu paciencia, tus sonrisas y caricias.

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Dells Boat Tours

1079356_10151744748057702_786480215_n1.jpgFoto por Kelly Palmerton

Os prometo que cada píxel que veis es real. Aquí es donde he pasado un 80% de mi tiempo este verano. Lo que veis es el viejo edificio de la compañía Dells Boat Tours, encargada de fletar los pintorescos barcos azules y blancos que surcan el río Wisconsin aguas arriba. Esta foto fue tomada desde uno de los barcos cuando volvía de uno de aquellos maravillosos tours. Solo quería compartir esta foto con vosotros pero es que al verla no he podido morderme la lengua (o atarme las manos) y quería tratar de transmitiros algo de lo que ese sitio me transmitió a mí. El paisaje no puede ser más bonito, lo que veis es uno de los muelles pero si mirarais desde allí al punto desde el que se hace la foto veríais América pura y dura , águilas, árboles inmensos marcándole el camino al río. Junto al anciano edificio, el puente por el que los trenes atraviesan el río. Construido en 1903 fue junto con el transporte fluvial uno de los medios de transporte de mercancías más importante, y es que todos sabemos que América se levantó sobre raíles, aunque queramos olvidar quien levantó esos raíles. Os lo prometo, hay verde por todas partes, y negro del agua impregnada en ácido tánico que como una bolsa de té van tiñendo la corriente y azul, y marrón y ahora mismo el rojo más brillante y amarillo y ocre y rosa y morado. Sí, quiero volver.

Kelly

Kelly es uno de esos personajes que formaban parte del reparto de mi verano. Vecina puerta con puerta en una de esas cabinas de peli americana, ha jugado un papel muy importante en mi vida. Pero eso ella no lo sabe. Le agradezco profundamente ser parte de lo que me ha animado a abrir este blog. Le gustan las estrellas, los gatos y los cables del tendido eléctrico. Ah! y Doctor Who. También la fotografía y es que a ella le debo la foto de mi cabecera y espero que muchas otras que me deje publicar.

Voy  a permitirme como excepción escribirlo en inglés para que ella pueda leerlo.

Kelly is one of those characters that were part of the cast of my summer. Neightbour door to door on one of those cabins that you can only see in American movies, she’s played an important role in my life. But yet, she doesn’t know. I feel really thanfull to her for she’s been one small part of what has motivated me to finally create this blog. She likes stars, cats and power lines. Aw! And Doctor Who. But she also likes photography, or at least trees/wisconsin’s-amazing-places-photographs and it’s to her that I owe my heading picture and I hope that many other pictures that I’ll publish. Shoutout to Kelly Palmerton. She is unique.

Bienvenido

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Me preguntas qué es lo que me atrae tanto, y la verdad es que podría sentarme aquí toda la tarde con una humeante taza de té en las manos y hablarte del color que me rodea, del naranja mezclado con amarillo que lo empieza a cubrir todo por estas fechas, la misma mezcla que tiñe los haces de luz que de vez en cuando se escapan de entre las caprichosas volutas nubosas que encapotan esta tarde de otoño. O podría hablarte del verde, agonizante pero poderoso aún, por todas partes, roto con alguna brecha de agua y granito, o partido por las cerquinas de roca. También podría hablarte del frío. Aún es amable, sin embargo empieza a tener días malos, bordes, rayanos en lo insolente, pero ¿quién no los tiene? Viene de la mano de su amigo viento, vestido de aire agudo y cortante. Ese aire al que mejor le iría ser mujer por su habilidad para abofetear. Y el sol, ese gigante amarillo que aún finge ser caliente. La verdad es que podría contártelo todo, pero es que la atracción es difícil de explicar. Y mira que se ha intentado.

Con Cucurucho Por Favor

Y un año más el verano se fue. Y sí, llegan los edredones y las noches a las siete de la tarde, y los atascos, y los madrugones y el frío arropado por chaquetas, y jerseys tamaño hiper mega maxi XXXXL, pero que queréis que os diga yo. A mí siempre me encantaron esas tardes de domingo mirando el color azulón que empezaba a cubrirlo todo a las seis y media de la tarde. Que sí, que hace frío, pero a mí nadie me impedirá tomarme mi polo de limón a las doce de la noche aunque fuera la temperatura sea genial para criogenizar a Walt Disney. Yo seguiré llevando minifaldas los viernes por la noche (con medias de medio metro de grosor, pero la falda bien corta), y seguiré quedándome en pie hasta las tantas todas las noches, me levante a las once o me levante a las seis. El verano es muy bonito, pero no tiene ese amanecer sobre Madrid que se ve desde la carretera de la coruña a las siete y media de la mañana.

Yo nunca he sido muy fan de las modas, pero a aquellos que ahorran para comprarse esas botas de cuero con correas o tachuelas de 200 euros, les recuerdo que a más frío, más prendas, y mayor número de combinaciones posibles. Los hay negativos que dicen ¿y qué me dices del peñazo qué es tener que pensar todos los días qué ponerse? Pues yo les digo dos cosas; primero, por mucho que os guste el destape, en verano también os vestís, y segundo, no engañáis a nadie, os produce el mismo o mayor placer elegir pantalones, zapatos, blusa y chaqueta que elegir el bikini o bañador. Total menor cantidad de prendas supone mayor tiempo derivado a elegir y a la inversa, es decir, el juego es mayor pasado el estío.

¿Y qué me decís de las luces? ¿Y del color? Que sí, que el verano en el norte es verde precioso, y el sur está teñido de colorines por el reflejo del sol en el mar pero al fin y al cabo el norte es verde siempre, haga frío o haga calor y el sur, en fin, ¿qué queréis que os diga? El sur seguirá tan maravilloso le eches lo que le eches. Pero por mucho que os empeñéis el otoño seguirá siendo amarillo, ocre, naranja y rojo. Y sí, un poco marrón también, pero hasta el verano tiene su marrón propio.

Dejad de hablar de los Gin Tonics de la playa, de los atardeceres maravillosos y de los helados a cualquier hora. El alcohol calienta más en invierno, el sol sigue poniéndose en otoño y que sepáis que alguien me dijo (aunque no recuerde quién) que siempre es buen día para un helado. Pero eso sí, con cucurucho por favor.

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Wisconsin

Wisconsin

“Me acuerdo cuando de pequeñas, llegaba septiembre, y el cole con él, y todas nuestras profes nos preguntaban: “Bueno niñas, ¿os lo habéis pasado bien este verano?, ¿qué habéis hecho?, ¿dónde habéis estado?”.Y todas levantábamos nuestras manos tan alto como pudiéramos dando pequeños saltitos mientras tratábamos de ser las primeras en contar nuestra historia. Este año, soy la primera y esta es mi historia.
He estado en América. Pero no en una ni en cualquiera. He estado en todas. He estado en la América de campos amarillos de maíz infinitos, en la de las praderas verdes silenciadas por el cielo azul infestado de águilas calvas y halcones. En la de las granjas rojas ribeteadas de madera blanca con graneros y almacenes de cereal. En la América de los granjeros que no fuman pero mascan tabaco. En la América del cuero, las botas de vaquero y los mocasines. En la de los indios nativos, los blancos gordos y los negros atléticos. He estado en una América surcada por un río grande y negro, frío y cálido a la vez, salvaje y dulce. He estado en la América de los raíles de madera atravesando el campo, en la de los bosques de cuento, bosques verdes donde apenas puedes ver el sol, y cuya escasa luz le da un color mágico. He estado en sitios en los que realmente creo que viven hadas y ogros y dragones dormilones. He estado en la América de los ciervos, y arces y osos y pavos salvajes. He estado en la América de los grandes lagos y de los barcos de hace 70 años. También he estado en la América de las cadenas de comida rápida, Denny’s, Burger King, Taco Bell, Culvers, Subway y el gigante McDonalds. En la América de los helados de cinco bolas con todo tipo de siropes y toppings. En la América de las cosas grandes, las montañas rusas y los toboganes de agua. He estado en el país de la música country, y los sombreros de paja. He jugado al minigolf y a los bolos. He pasado noches en pie en una fiesta en casa de alguien que no conocía a la mitad de la gente que había allí. He cantado y bailado y bebido la peor cerveza que podáis imaginar. He recogido manzanas rojas del árbol del jardín y jugado con un perro y dos gatos a la vez. He nadado en un río y saltado de un acantilado. He hecho senderismo, montañismo, he montado en kayak y pedaleado en mi bici. He estado en la América de las tiendas de camisetas, de los bares de viejos y de las tiendas de caramelos. He oído a los futuros Beattles y Frank Sinatra cantando en la calle. He olido las fragancias más dulces contaminadas de azúcar puro y restos de chocolate. He admirado escaparates llenos de dulces de toda clase, de manzanas cubiertas de caramelo, de toda clase de caramelos que podáis imaginar. He estado en la América de John Steinbeck y en la de Gabriel García Márquez. He estado en el país de los valles surcados de olmos y robles y en el de los bosques llenos de frambuesas. También en el de las noches de clubs y discotecas. He estado en el territorio del sheriff y de los Ho-Chunk y los Windigos. En el país de la gente amable y parlanchina, de la gente curiosa que quiere conocer España. He estado en el país de los coches todoterreno y de las Harley-Davidson. En el país de los tatuajes y el pelo de colores. He estado en el país en el que las familias pasan sus vacaciones en la casa del lago tirándose al agua desde una rueda de coche atada a un árbol con una cuerda vieja. También he estado en la América trabajadora, en la América luchadora, en la conservadora y en la de Obama. He estado aquí un cuatro de julio y he visto más rojo, blanco y azul junto del que habéis visto jamás. He hecho una hoguera con mis amigos y hemos tostado mashmallows y bebido un café asqueroso a las dos de la mañana. He estado en el país que tiene la mayor industria cinematográfica y a la vez la mayor cantidad de telebasura. He vivido sola, en una casita pequeña y blanca prefabricada con su porche delantero y sus mosquiteras en las ventanas. He paseado, corrido, gateado, navegado y cabalgado. He hecho amigos increíbles y conocido al amor de mi vida (nos casamos en el 2023). He estado en centros comerciales de saldo y en las tiendas más caras. He recorrido la librería más grande que os podáis imaginar. He estado en el país de los coches sin cerrar y las ventanillas bajadas. He estado en el país de los cerrojos del revés y las grúas gigantes. En el de los camiones tuneados y los coches de bomberos de peli. He hecho fotos y vendido fotos. He trabajado. He sudado para conseguir cada céntimo que he ganado. He limpiado mi casa, me he hecho la comida y me he lavado la ropa. He conducido por carreteras interminables y pasado ratos interminables en los stops.
He visto noches incendiadas por manadas de luciérnagas en llamas, he soñado al son de los grillos y vivido rodeada de conejos y ardillas. He comido bizcocho de calabaza y pretzels con queso, y bagels, y palomitas con mantequilla. He visto una peli en el parque, de noche, comiendo M&Ms arropada por una manta de cuadros. He aprendido rumano, ruso, búlgaro y turco. También he aprendido inglés por si hay algún gracioso por ahí. He estado en la América del baloncesto, del béisbol, de las chanclas, y los pintauñas con purpurina. En la América de la guerra de los cien años y en la de la segunda guerra mundial y en la del charlestón y los escarabajos. He estado en la América de los cupcakes y la crema de cacahuete, y en la del chocolate Hersheys y los M&Ms y los skittles y los cereales de colores. He visto a Bon Jovi vomitar y a Mumford and Sons silenciar a 10.000 personas a la vez. He visto Converse nuevas, viejas, rotas, pintadas, desgastadas, cuidadas y descuidadas. He estado en cementerio de película y al sol ponerse sobre el lago.
He visto a un niño llorar por el golden retriever con el que ha crecido. He visto a muchas personas, de muchos sitios; jóvenes intrépidos e inmaduros, niños hiperactivos, adultos cansados. He visto que la vejez más absoluta puede albergar el alma más joven y también he visto que la juventud más fresca puede cobijar un alma vieja y oxidada. He visto ojos cristalinos llenos de amor y cristalinos opacos por la pérdida. He dicho hola, he dicho adiós y algún que otro hasta luego. También he predicado las maravillas de España y creo que he inflamado algún corazón inquieto y empapado en gasolina con la chispa de la curiosidad.
He hecho todo esto y más y es por eso que me ha costado encontrar las palabras para expresarlo. Me gustaría pensar que casi podéis esbozar mi verano tras este brevísimo resumen y si no es así tendré que volver para encontrar la manera de terminar mi historia.
He estado en América y me he enamorado de ella, pero también he cogido hoy el tren y ya vuelvo a casa”