2014

Llevamos prácticamente un mes dentro del nuevo año, pero no podía darle la bienvenida hasta no estar segura de que efectivamente la merecía. No estoy loca, entededme, los hay que empezaron el año entre llamas. Finalmente me he dado cuenta de que merezca mi bienvenida o no, un nuevo año no es como esos invitados que se largarán al darse cuenta de que no son bien recibidos, sino que entrará te guste o no, por lo que lo único que puedo hacer es despedirme de una vez del 2013 y saludar al nuevo.

Cada nuevo año, con el primer día llegan millones de propósitos nuevos, millones de ilusiones, llega esperanza, alegría, ese familiar y excitante sentimiento de anticipación. Abrazamos y besamos a nuestros familiares con el corazón encogido por la duda y el no saber qué nos espera. Y es que no hay mejor forma de empezar algo que con la calidez de los brazos de aquellos que más queremos.

Este año, ha sido sin duda alguna el mejor año de mi vida. He conocido a personas increíbles, algunas desaparecieron tan rápido como vinieron, y otras echan raíces cada vez más profundas dentro de mi corazón. Personas de toda clase y variedad. Personas de esas que te enseñan, que te sorprenden, que te hacen ver cosas tan importantes como que dejar de respirar podría acabar contigo que muchas veces se nos olvidan o simplemente nunca hemos contemplado como forma de vida. Personas que jamás hubiésemos esperado ver en nuestras vidas, personas de esas que apareen de la noche a la mañana.

He comprobado que el mundo no es tu casa, tu coche, tus amigos y tu familia. Que hay mucho más recorrido que hacer que el de casa a la uni o al trabajo, mucho más que el viaje de rigor de todos los veranos. Que tenemos la suerte de vivir en un planeta lleno de vida, de color, de una musicalidad indescriptibles, un planeta rico que cambia cada día.

Este año he aprendido que tu hogar no es un sitio y que no está atado a unas personas en particular, que tu hogar lo llevas dentro y que no hay nada ahí fuera para completarte, que las mejores partes de tí no tienes que encontrarlas, te han acompañado siempre. Lo único que cambia es el lugar para compartirlas y aquellos con quien hacerlo.

He aprendido que un año con sus 365 días y sus 8766 horas es muy poco tiempo, y que la vida es una cadena de momentos que no debemos desaprovechar. He visto lugares increíbles y me he dado cuenta de que hay miles más. Un año no es más que un recorrido elíptico con cuatro paradas y cada una de esas paradas, cada una de esas estaciones no es muy distinta de las estaciones de un tren. Gente que cambia, ropa distinta, distintos olores y distinta arquitectura, pero siempre puertas a cosas nuevas. He aprendido a mirar bien las caras de la gente cuando ando, porque lo que el invierno transforma en expresiones hurañas o ateridas por el frío el verano puede transformarlo en un estallido de color y alegría. Las ilusiones son las mismas, y las penas desgraciadamente también pero todo ello hace que cada día valoremos más cosas tan simples como que el sol salga por las mañanas.

He aprendido que la vergüenza solo va a impedirnos descubrir facetas nuevas de uno mismo, o pasar por alto las de otros. He aprendido que hasta los mayores desafíos pueden convertirse en pequeños baches en el camino con la actitud adecuada, que nuestra intuición no suele fallarnos y que la vida sabe mejor con un poquito de sal aunque venga de nuestros ojos.

Sin embargo lo mejor de este año ha sido poder tener la oportunidad de darme cuenta de a quien debo todo esto y haber sabido agradecerlo.

Así que sin más dilación por fin puedo decir BIENVENIDO 2014, espero que este año les traiga todas estas cosas a quien no las ha tenido y les brinde nuevas experiencias a los que como yo sí lo han disfrutado tanto.

“Este sí que sí”

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De Camino

“-¡Hombre! ¿qué es de ti?

-Pues ahí vamos, como siempre.”

Y es que señores, los jóvenes, ahí vamos.

Somos calamidades, cenutrios, cafres, inconscientes, burros, idiotas y estamos locos. O eso es lo que nos repiten. Yo no quiero tranquilizaros, ni convenceros de nada, yo quiero deciros que ni estamos locos, ni somos idealistas, ni ignorantes.

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Por Beli

Tampoco voy a mentir, somos una generación extraña, y muy probablemente de todas las etiquetas que llevamos en la mochila, la menos desacertada sea la de seres raros. Raros o escasos. Pero es que a nosotros nos suena mejor lo de ser extraordinarios, y esa palabra a la sociedad le encanta.

Somos ambiciosos, impacientes, curiosos e impulsivos. Queremos conocer cosas nuevas, queremos cosas nuevas, y queremos cosas nuevas ya. ¿Y qué es lo mejor? Lo más increíble, el punto en el que reside nuestra genialidad es en que pondremos los medios para conseguirlo.

No somos atrevidos o insolentes, somos intrépidos. Y los adultos, los ancianos, los viejos… No insultan nuestro atrevimiento, le tienen miedo. Somos los fantasmas de las personas que un día fueron o quisieron ser nuestros padres, tíos, abuelos y vecinos. Somos los personajes que salen en las películas y no al revés. Somos las réplicas de sus recuerdos. Nuestras alocadas aventuras suscitan envidia, nuestra forma de vivirlo todo, celos.

Somos el mango del abanico de posibilidades que ofrece la vida.

Nuestra forma de vida es la imprudencia, el miedo a que llegue ese día en que dejemos de escuchar una canción hasta el final imaginando mil y una historias con esa banda sonora, o el día en que deje de ponernos la piel de gallina un fragmento de Benedetti, de Steinbeck o incluso de Shakespeare. Nos asusta acostarnos un día sabiendo que no has oído una sola nota musical y no lo has echado de menos, irnos a dormir sin tener fantasías a las que dar rienda suelta, nos asusta tener una almohada que se ha aburrido de dormir con nosotros.

No somos diabólicos, solo poco ortodoxos. Es verdad, a veces todo nos da un poco igual. Sin embargo es solo a veces. Vosotros ansiáis volver a ser jóvenes sin daros cuenta de que no recordáis lo que significa eso. Que no se puede ser joven por fuera si no lo eres por dentro. Y que olvidéis eso es lo verdaderamente diabólico

Vivimos rápido, vamos con el corazón desbocado buscando algo que sacie nuestras ansias de saber, que satisfaga la necesidad de color, de olor, de sabor. Nos aterroriza pensar que un día no se nos encoja el estómago los segundos previos a un beso, que no se electrice el aire a nuestro alrededor o que no nos ahoguen las ganas.

Ganas, tenemos ganas. Ganas de todo, de viajar, de leer, de escribir, de escuchar, de innovar, de emprender, de volar y sí, lo creáis o no , hasta de estudiar. Queremos ser pioneros en todo lo que hacemos. Empezamos cosas que muy a menudo no terminamos. Queremos hacerlo todo, y donde otros ven abismos, nosotros vemos trampolines. Sí, saltamos, alto , alto, alto. Y por supuesto caemos. Pero no os engañéis., todos conocemos a Newton y todos sabemos que la gravedad es tan atractiva como la idea de volar. Y sin embargo eso no nos para. Sabemos que no todo se puede tener, pero si se sabe es porque alguien lo ha querido.

Colón era joven, así por nombrar a alguien, pero no fue el  primero en marcharse a buscar indios. ¿A dónde iría el mundo sin gente como Robert Capa y Gerda Taro, Julio Verne, Wilbur y Orville Wright? “Los jóvenes de hoy en día…” Lo jóvenes de hoy en día están más vivos que nunca.

Esto es una llamada de atención; a todas esas personas que nos hacen de menos, nos infravaloran, nos temen, nos insultan, nos abaten, nos desmotivan o nos quieren atar. A todas las personas que le han dicho a un niño pequeño que no diga tonterías, a todas los padres que le han dicho a sus hijos que eso no se podía hacer, a todos los abuelos que han quedado estancados en sus “cuando yo era joven, esas cosas no se hacían…” que sepáis que lejos de mover el mundo le estáis clavando chinchetas como si efectivamente la tierra fuera plana.

Nacemos, crecemos y nos convertimos en pequeños experimentos hasta que un día decidimos probar eso de la ciencia. Y es entonces cuando nosotros empezamos a experimentar.

La vida es una carrera, y aunque vosotros hayáis encontrado la meta, nosotros estamos de camino.

Sentaos y mirad, que nosotros, como siempre, ahí vamos.

I

Kelly

Kelly es uno de esos personajes que formaban parte del reparto de mi verano. Vecina puerta con puerta en una de esas cabinas de peli americana, ha jugado un papel muy importante en mi vida. Pero eso ella no lo sabe. Le agradezco profundamente ser parte de lo que me ha animado a abrir este blog. Le gustan las estrellas, los gatos y los cables del tendido eléctrico. Ah! y Doctor Who. También la fotografía y es que a ella le debo la foto de mi cabecera y espero que muchas otras que me deje publicar.

Voy  a permitirme como excepción escribirlo en inglés para que ella pueda leerlo.

Kelly is one of those characters that were part of the cast of my summer. Neightbour door to door on one of those cabins that you can only see in American movies, she’s played an important role in my life. But yet, she doesn’t know. I feel really thanfull to her for she’s been one small part of what has motivated me to finally create this blog. She likes stars, cats and power lines. Aw! And Doctor Who. But she also likes photography, or at least trees/wisconsin’s-amazing-places-photographs and it’s to her that I owe my heading picture and I hope that many other pictures that I’ll publish. Shoutout to Kelly Palmerton. She is unique.

Bienvenido

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Me preguntas qué es lo que me atrae tanto, y la verdad es que podría sentarme aquí toda la tarde con una humeante taza de té en las manos y hablarte del color que me rodea, del naranja mezclado con amarillo que lo empieza a cubrir todo por estas fechas, la misma mezcla que tiñe los haces de luz que de vez en cuando se escapan de entre las caprichosas volutas nubosas que encapotan esta tarde de otoño. O podría hablarte del verde, agonizante pero poderoso aún, por todas partes, roto con alguna brecha de agua y granito, o partido por las cerquinas de roca. También podría hablarte del frío. Aún es amable, sin embargo empieza a tener días malos, bordes, rayanos en lo insolente, pero ¿quién no los tiene? Viene de la mano de su amigo viento, vestido de aire agudo y cortante. Ese aire al que mejor le iría ser mujer por su habilidad para abofetear. Y el sol, ese gigante amarillo que aún finge ser caliente. La verdad es que podría contártelo todo, pero es que la atracción es difícil de explicar. Y mira que se ha intentado.

Con Cucurucho Por Favor

Y un año más el verano se fue. Y sí, llegan los edredones y las noches a las siete de la tarde, y los atascos, y los madrugones y el frío arropado por chaquetas, y jerseys tamaño hiper mega maxi XXXXL, pero que queréis que os diga yo. A mí siempre me encantaron esas tardes de domingo mirando el color azulón que empezaba a cubrirlo todo a las seis y media de la tarde. Que sí, que hace frío, pero a mí nadie me impedirá tomarme mi polo de limón a las doce de la noche aunque fuera la temperatura sea genial para criogenizar a Walt Disney. Yo seguiré llevando minifaldas los viernes por la noche (con medias de medio metro de grosor, pero la falda bien corta), y seguiré quedándome en pie hasta las tantas todas las noches, me levante a las once o me levante a las seis. El verano es muy bonito, pero no tiene ese amanecer sobre Madrid que se ve desde la carretera de la coruña a las siete y media de la mañana.

Yo nunca he sido muy fan de las modas, pero a aquellos que ahorran para comprarse esas botas de cuero con correas o tachuelas de 200 euros, les recuerdo que a más frío, más prendas, y mayor número de combinaciones posibles. Los hay negativos que dicen ¿y qué me dices del peñazo qué es tener que pensar todos los días qué ponerse? Pues yo les digo dos cosas; primero, por mucho que os guste el destape, en verano también os vestís, y segundo, no engañáis a nadie, os produce el mismo o mayor placer elegir pantalones, zapatos, blusa y chaqueta que elegir el bikini o bañador. Total menor cantidad de prendas supone mayor tiempo derivado a elegir y a la inversa, es decir, el juego es mayor pasado el estío.

¿Y qué me decís de las luces? ¿Y del color? Que sí, que el verano en el norte es verde precioso, y el sur está teñido de colorines por el reflejo del sol en el mar pero al fin y al cabo el norte es verde siempre, haga frío o haga calor y el sur, en fin, ¿qué queréis que os diga? El sur seguirá tan maravilloso le eches lo que le eches. Pero por mucho que os empeñéis el otoño seguirá siendo amarillo, ocre, naranja y rojo. Y sí, un poco marrón también, pero hasta el verano tiene su marrón propio.

Dejad de hablar de los Gin Tonics de la playa, de los atardeceres maravillosos y de los helados a cualquier hora. El alcohol calienta más en invierno, el sol sigue poniéndose en otoño y que sepáis que alguien me dijo (aunque no recuerde quién) que siempre es buen día para un helado. Pero eso sí, con cucurucho por favor.

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