De Camino

“-¡Hombre! ¿qué es de ti?

-Pues ahí vamos, como siempre.”

Y es que señores, los jóvenes, ahí vamos.

Somos calamidades, cenutrios, cafres, inconscientes, burros, idiotas y estamos locos. O eso es lo que nos repiten. Yo no quiero tranquilizaros, ni convenceros de nada, yo quiero deciros que ni estamos locos, ni somos idealistas, ni ignorantes.

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Por Beli

Tampoco voy a mentir, somos una generación extraña, y muy probablemente de todas las etiquetas que llevamos en la mochila, la menos desacertada sea la de seres raros. Raros o escasos. Pero es que a nosotros nos suena mejor lo de ser extraordinarios, y esa palabra a la sociedad le encanta.

Somos ambiciosos, impacientes, curiosos e impulsivos. Queremos conocer cosas nuevas, queremos cosas nuevas, y queremos cosas nuevas ya. ¿Y qué es lo mejor? Lo más increíble, el punto en el que reside nuestra genialidad es en que pondremos los medios para conseguirlo.

No somos atrevidos o insolentes, somos intrépidos. Y los adultos, los ancianos, los viejos… No insultan nuestro atrevimiento, le tienen miedo. Somos los fantasmas de las personas que un día fueron o quisieron ser nuestros padres, tíos, abuelos y vecinos. Somos los personajes que salen en las películas y no al revés. Somos las réplicas de sus recuerdos. Nuestras alocadas aventuras suscitan envidia, nuestra forma de vivirlo todo, celos.

Somos el mango del abanico de posibilidades que ofrece la vida.

Nuestra forma de vida es la imprudencia, el miedo a que llegue ese día en que dejemos de escuchar una canción hasta el final imaginando mil y una historias con esa banda sonora, o el día en que deje de ponernos la piel de gallina un fragmento de Benedetti, de Steinbeck o incluso de Shakespeare. Nos asusta acostarnos un día sabiendo que no has oído una sola nota musical y no lo has echado de menos, irnos a dormir sin tener fantasías a las que dar rienda suelta, nos asusta tener una almohada que se ha aburrido de dormir con nosotros.

No somos diabólicos, solo poco ortodoxos. Es verdad, a veces todo nos da un poco igual. Sin embargo es solo a veces. Vosotros ansiáis volver a ser jóvenes sin daros cuenta de que no recordáis lo que significa eso. Que no se puede ser joven por fuera si no lo eres por dentro. Y que olvidéis eso es lo verdaderamente diabólico

Vivimos rápido, vamos con el corazón desbocado buscando algo que sacie nuestras ansias de saber, que satisfaga la necesidad de color, de olor, de sabor. Nos aterroriza pensar que un día no se nos encoja el estómago los segundos previos a un beso, que no se electrice el aire a nuestro alrededor o que no nos ahoguen las ganas.

Ganas, tenemos ganas. Ganas de todo, de viajar, de leer, de escribir, de escuchar, de innovar, de emprender, de volar y sí, lo creáis o no , hasta de estudiar. Queremos ser pioneros en todo lo que hacemos. Empezamos cosas que muy a menudo no terminamos. Queremos hacerlo todo, y donde otros ven abismos, nosotros vemos trampolines. Sí, saltamos, alto , alto, alto. Y por supuesto caemos. Pero no os engañéis., todos conocemos a Newton y todos sabemos que la gravedad es tan atractiva como la idea de volar. Y sin embargo eso no nos para. Sabemos que no todo se puede tener, pero si se sabe es porque alguien lo ha querido.

Colón era joven, así por nombrar a alguien, pero no fue el  primero en marcharse a buscar indios. ¿A dónde iría el mundo sin gente como Robert Capa y Gerda Taro, Julio Verne, Wilbur y Orville Wright? “Los jóvenes de hoy en día…” Lo jóvenes de hoy en día están más vivos que nunca.

Esto es una llamada de atención; a todas esas personas que nos hacen de menos, nos infravaloran, nos temen, nos insultan, nos abaten, nos desmotivan o nos quieren atar. A todas las personas que le han dicho a un niño pequeño que no diga tonterías, a todas los padres que le han dicho a sus hijos que eso no se podía hacer, a todos los abuelos que han quedado estancados en sus “cuando yo era joven, esas cosas no se hacían…” que sepáis que lejos de mover el mundo le estáis clavando chinchetas como si efectivamente la tierra fuera plana.

Nacemos, crecemos y nos convertimos en pequeños experimentos hasta que un día decidimos probar eso de la ciencia. Y es entonces cuando nosotros empezamos a experimentar.

La vida es una carrera, y aunque vosotros hayáis encontrado la meta, nosotros estamos de camino.

Sentaos y mirad, que nosotros, como siempre, ahí vamos.

I

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