Y con el frío…

Rose Heir salió del edificio con paso decidido pero andar inquieto, el frío de la calle la golpeó en plena cara como el primer gancho de un boxeador en combate, con los guantes fríos. Miró a ambos lados de la avenida ya casi desierta y luego al cielo estrellado. Al otro lado de la calle su reflejo la observaba desde la luna de un escaparate, con el rastro brillante que las lágrimas habían dejado por su mejilla y una sonrisa desesperada esperando en la comisura de su boca. Un pie delante del otro, así, poco a poco, y en cada paso un recuerdo, el primer abrazo, cálido, envolvente, el primer beso, fuerte, desesperado… La primera decepción, amarga.
En momentos así decidimos, decidimos cambiar de vida. Unos deciden cambiar su dieta, otros comenzarán a ir al gimnasio, otros viajarán. ¿Rose? Rose iba a matarle.

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