Por Neptuno

Finalmente, el alumno siempre supera al maestro. Hay cosas que muy en el fondo siempre sabemos, podemos profundizar en ellas, podemos luchar contra ellas, podemos hacerles cosquillas hasta que se mueran de risa, o castigarlas a ir en el asiento trasero durante todo el tiempo que quieras, pero eso se convertirá en miradas que se cruzan en el retrovisor, en barbillas altivas y ceños orgullosos ¿Y la realidad? No van a pedirte permiso para volver a sentarse delante. Puedes seguir ignorándolo, pero al final pasa, no sabes si es mucho o poquito, pero está ahí. ¿Qué es? Son ganas. «Pues que a mí de vez en cuando, esporádicamente, me gustaría tenerte.» Y con ese escalofrío, una pizza y la promesa de regalarte un beso de peli, seguirás ahí, cultivando tu paciencia, tus sonrisas y caricias.

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