Y con el frío…

Rose Heir salió del edificio con paso decidido pero andar inquieto, el frío de la calle la golpeó en plena cara como el primer gancho de un boxeador en combate, con los guantes fríos. Miró a ambos lados de la avenida ya casi desierta y luego al cielo estrellado. Al otro lado de la calle su reflejo la observaba desde la luna de un escaparate, con el rastro brillante que las lágrimas habían dejado por su mejilla y una sonrisa desesperada esperando en la comisura de su boca. Un pie delante del otro, así, poco a poco, y en cada paso un recuerdo, el primer abrazo, cálido, envolvente, el primer beso, fuerte, desesperado… La primera decepción, amarga.
En momentos así decidimos, decidimos cambiar de vida. Unos deciden cambiar su dieta, otros comenzarán a ir al gimnasio, otros viajarán. ¿Rose? Rose iba a matarle.

Esto no es una carta de amor

Ya sabes como me gusta dramatizar, y la manipulación y el juego. Ya sabes como me gusta enroscar y desenroscar para volver enroscar los tapones de las botellas. ¿Qué esperabas que hiciera ante un vida que no se dejaba desenroscar? Fue como ponerle un martini delante al alcohólico. Ya sabes como me gusta imaginar diálogos y discusiones y discursitos. Ya sabes como me gusta hacerme la víctima. ¿Realmente esperabas que pasara de largo? Pero es que yo no me esperaba que tú no me fueras a dejar. Desestabilizaste todas mis estrategias, destrozaste mis jugadas y peleaste mis batallas llegando a ser el tirano en esta guerra. Hermético e infranqueable. Eso decían.

Por Neptuno

Finalmente, el alumno siempre supera al maestro. Hay cosas que muy en el fondo siempre sabemos, podemos profundizar en ellas, podemos luchar contra ellas, podemos hacerles cosquillas hasta que se mueran de risa, o castigarlas a ir en el asiento trasero durante todo el tiempo que quieras, pero eso se convertirá en miradas que se cruzan en el retrovisor, en barbillas altivas y ceños orgullosos ¿Y la realidad? No van a pedirte permiso para volver a sentarse delante. Puedes seguir ignorándolo, pero al final pasa, no sabes si es mucho o poquito, pero está ahí. ¿Qué es? Son ganas. «Pues que a mí de vez en cuando, esporádicamente, me gustaría tenerte.» Y con ese escalofrío, una pizza y la promesa de regalarte un beso de peli, seguirás ahí, cultivando tu paciencia, tus sonrisas y caricias.