Noviembre Negro

Déjame contarte algo nuevo. En un susurro y a voz en grito.

Déjame contarte como nada de lo que hagas importa y como todo lo que no hagas lo hará.

Déjame contarte como nada de lo que dices se queda y como ninguno de tus silencios de cristal roto se pierde.

Déjame hablarte de inocentes.

Déjame contarte como nada de lo que te pones te hará destacar y como cada micra de tu piel de griega te hace única.

Déjame hablarte de tu brillante oscuridad.

Déjame contarte como ninguna de las sonrisas que te regalas varada ante el espejo llegará a tocarte jamás y como cada una de las que consiguen abandonar tus labios buscando nuevos destinos podría hacerte suspirar. Oh sí, pueden.

Déjame contarte como todos nos perdemos y como, siempre, siempre, alguien nos encuentra.

Déjame contarte cuanto echo en falta, y cuanto te echado de menos.

Déjame contártelo. En un susurro y a voz en grito.

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“Ni la Gloria, ni la Libertad de Ucrania han Perecido”

Tenemos alimentos, techos, coches, familias, hobbies, educación, salud y los más afortunados hasta trabajo. Pero más importante que todo eso, es que tenemos libertad. Los hay que dicen que en España nos adoctrinan, que nos están colando poquito a poco unas ideas y valores disfrazados de educación.  En España, podemos elegir. En España, puedes decidir coger la bandera y salir a la calle a enfadar al político de turno porque no te gusta un pelo lo que hace, puedes salir y defender la vida, recorrerte sus calles pidiendo justicia, cantar a coro con 2000 personas más en defensa de la dignidad humana o recordar al mundo cual es el lugar para los terroristas. Es cierto, nuestros políticos mienten y nuestros representantes roban. Pero, ¿queréis saber qué es lo más triste? Que a día de hoy, 19 de Febrero de 2014, no estamos tan lejos de lo que era el mundo hace 2014 años. Lo más triste es que podríamos estar peor. Lo más triste es que hoy sigue muriendo gente en defensa de sus ideas, más aún, en defensa de unos derechos que llevan siglos reconocidos en la mitad del mundo.

No estoy hablando del típico país tercermundista con un nombre impronunciable con habitantes casi tan bestias como sus dirigentes. Hablo de gente que quiere ser salvada, de gente que necesita ayuda, de nuestro propios vecinos. Hablo de gente tan heredera como nosotros de la identidad cultural europea, de gente con las misma raíces, con una historia en común.

Hablo de Ucrania.

Rotos, así se sienten los ciudadanos Ucranianos tras los recientes enfrentamientos entre el gobierno y la población que han tenido lugar en Kiev. Se han levantado contra un cada vez más opresor gobierno, han salido a la calle a hacerse oír y esto es lo que les esperaba fuera.

Son 241 las personas heridas,  25 las fallecidas, y millones los que con el alma desbocada anhelan la libertad.

Sí, ahora estáis dando gracias, por tener alimentos, techos, coches, familias, hobbies, educación, salud y  hasta trabajo,  cuando podríamos estar haciendo algo por lo que muchos otros dieran gracias. Esta chica, denuncia los abusos que Viktor Yanukóvich, presidente Ucraniano, junto con sus cómplices rusos, llevan a cabo en lo que debería ser parte de nuestra gran comunidad Europea. Os animo a que entre todos cumplamos con su deseo y denunciemos que en un mundo como este, en que hay gente que puede preocuparse del color de su manicura o de cuantas empresas va a absorber hoy su imperio, aún haya gente que no puede DECIDIR salir en defensa de sus ideas sin miedo a que eso le cueste la vida, gente sin LIBERTAD.

2014

Llevamos prácticamente un mes dentro del nuevo año, pero no podía darle la bienvenida hasta no estar segura de que efectivamente la merecía. No estoy loca, entededme, los hay que empezaron el año entre llamas. Finalmente me he dado cuenta de que merezca mi bienvenida o no, un nuevo año no es como esos invitados que se largarán al darse cuenta de que no son bien recibidos, sino que entrará te guste o no, por lo que lo único que puedo hacer es despedirme de una vez del 2013 y saludar al nuevo.

Cada nuevo año, con el primer día llegan millones de propósitos nuevos, millones de ilusiones, llega esperanza, alegría, ese familiar y excitante sentimiento de anticipación. Abrazamos y besamos a nuestros familiares con el corazón encogido por la duda y el no saber qué nos espera. Y es que no hay mejor forma de empezar algo que con la calidez de los brazos de aquellos que más queremos.

Este año, ha sido sin duda alguna el mejor año de mi vida. He conocido a personas increíbles, algunas desaparecieron tan rápido como vinieron, y otras echan raíces cada vez más profundas dentro de mi corazón. Personas de toda clase y variedad. Personas de esas que te enseñan, que te sorprenden, que te hacen ver cosas tan importantes como que dejar de respirar podría acabar contigo que muchas veces se nos olvidan o simplemente nunca hemos contemplado como forma de vida. Personas que jamás hubiésemos esperado ver en nuestras vidas, personas de esas que apareen de la noche a la mañana.

He comprobado que el mundo no es tu casa, tu coche, tus amigos y tu familia. Que hay mucho más recorrido que hacer que el de casa a la uni o al trabajo, mucho más que el viaje de rigor de todos los veranos. Que tenemos la suerte de vivir en un planeta lleno de vida, de color, de una musicalidad indescriptibles, un planeta rico que cambia cada día.

Este año he aprendido que tu hogar no es un sitio y que no está atado a unas personas en particular, que tu hogar lo llevas dentro y que no hay nada ahí fuera para completarte, que las mejores partes de tí no tienes que encontrarlas, te han acompañado siempre. Lo único que cambia es el lugar para compartirlas y aquellos con quien hacerlo.

He aprendido que un año con sus 365 días y sus 8766 horas es muy poco tiempo, y que la vida es una cadena de momentos que no debemos desaprovechar. He visto lugares increíbles y me he dado cuenta de que hay miles más. Un año no es más que un recorrido elíptico con cuatro paradas y cada una de esas paradas, cada una de esas estaciones no es muy distinta de las estaciones de un tren. Gente que cambia, ropa distinta, distintos olores y distinta arquitectura, pero siempre puertas a cosas nuevas. He aprendido a mirar bien las caras de la gente cuando ando, porque lo que el invierno transforma en expresiones hurañas o ateridas por el frío el verano puede transformarlo en un estallido de color y alegría. Las ilusiones son las mismas, y las penas desgraciadamente también pero todo ello hace que cada día valoremos más cosas tan simples como que el sol salga por las mañanas.

He aprendido que la vergüenza solo va a impedirnos descubrir facetas nuevas de uno mismo, o pasar por alto las de otros. He aprendido que hasta los mayores desafíos pueden convertirse en pequeños baches en el camino con la actitud adecuada, que nuestra intuición no suele fallarnos y que la vida sabe mejor con un poquito de sal aunque venga de nuestros ojos.

Sin embargo lo mejor de este año ha sido poder tener la oportunidad de darme cuenta de a quien debo todo esto y haber sabido agradecerlo.

Así que sin más dilación por fin puedo decir BIENVENIDO 2014, espero que este año les traiga todas estas cosas a quien no las ha tenido y les brinde nuevas experiencias a los que como yo sí lo han disfrutado tanto.

“Este sí que sí”

20.000 Millas de Viajes Supersubmarinos

Y pasa.
De repente te ves en medio de algo que no sabes ni cómo ni cuándo pero ha llegado. Como una explosión, una onda expansiva que te recorre de arriba a abajo y te arranca las más placenteras sonrisas.
Es su forma de mirar, su forma de ser y no ser, de serlo todo. Esa personalidad aplastante que tira de tí como si de un imán se tratara. Y esa boca que provoca, y pide a gritos que le robes un silencio.
¿Y lo mejor? Que poco a poco te miras a tí misma y te das cuenta de que ya no echas nada en falta, de que estás entera, tu por tí sola. Lo demás son complementos.
Sueltate, baila, muévete, corre, canta, mira, descubre y sobretodo sonríe. Siempre es un buen momento.

De Camino

“-¡Hombre! ¿qué es de ti?

-Pues ahí vamos, como siempre.”

Y es que señores, los jóvenes, ahí vamos.

Somos calamidades, cenutrios, cafres, inconscientes, burros, idiotas y estamos locos. O eso es lo que nos repiten. Yo no quiero tranquilizaros, ni convenceros de nada, yo quiero deciros que ni estamos locos, ni somos idealistas, ni ignorantes.

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Por Beli

Tampoco voy a mentir, somos una generación extraña, y muy probablemente de todas las etiquetas que llevamos en la mochila, la menos desacertada sea la de seres raros. Raros o escasos. Pero es que a nosotros nos suena mejor lo de ser extraordinarios, y esa palabra a la sociedad le encanta.

Somos ambiciosos, impacientes, curiosos e impulsivos. Queremos conocer cosas nuevas, queremos cosas nuevas, y queremos cosas nuevas ya. ¿Y qué es lo mejor? Lo más increíble, el punto en el que reside nuestra genialidad es en que pondremos los medios para conseguirlo.

No somos atrevidos o insolentes, somos intrépidos. Y los adultos, los ancianos, los viejos… No insultan nuestro atrevimiento, le tienen miedo. Somos los fantasmas de las personas que un día fueron o quisieron ser nuestros padres, tíos, abuelos y vecinos. Somos los personajes que salen en las películas y no al revés. Somos las réplicas de sus recuerdos. Nuestras alocadas aventuras suscitan envidia, nuestra forma de vivirlo todo, celos.

Somos el mango del abanico de posibilidades que ofrece la vida.

Nuestra forma de vida es la imprudencia, el miedo a que llegue ese día en que dejemos de escuchar una canción hasta el final imaginando mil y una historias con esa banda sonora, o el día en que deje de ponernos la piel de gallina un fragmento de Benedetti, de Steinbeck o incluso de Shakespeare. Nos asusta acostarnos un día sabiendo que no has oído una sola nota musical y no lo has echado de menos, irnos a dormir sin tener fantasías a las que dar rienda suelta, nos asusta tener una almohada que se ha aburrido de dormir con nosotros.

No somos diabólicos, solo poco ortodoxos. Es verdad, a veces todo nos da un poco igual. Sin embargo es solo a veces. Vosotros ansiáis volver a ser jóvenes sin daros cuenta de que no recordáis lo que significa eso. Que no se puede ser joven por fuera si no lo eres por dentro. Y que olvidéis eso es lo verdaderamente diabólico

Vivimos rápido, vamos con el corazón desbocado buscando algo que sacie nuestras ansias de saber, que satisfaga la necesidad de color, de olor, de sabor. Nos aterroriza pensar que un día no se nos encoja el estómago los segundos previos a un beso, que no se electrice el aire a nuestro alrededor o que no nos ahoguen las ganas.

Ganas, tenemos ganas. Ganas de todo, de viajar, de leer, de escribir, de escuchar, de innovar, de emprender, de volar y sí, lo creáis o no , hasta de estudiar. Queremos ser pioneros en todo lo que hacemos. Empezamos cosas que muy a menudo no terminamos. Queremos hacerlo todo, y donde otros ven abismos, nosotros vemos trampolines. Sí, saltamos, alto , alto, alto. Y por supuesto caemos. Pero no os engañéis., todos conocemos a Newton y todos sabemos que la gravedad es tan atractiva como la idea de volar. Y sin embargo eso no nos para. Sabemos que no todo se puede tener, pero si se sabe es porque alguien lo ha querido.

Colón era joven, así por nombrar a alguien, pero no fue el  primero en marcharse a buscar indios. ¿A dónde iría el mundo sin gente como Robert Capa y Gerda Taro, Julio Verne, Wilbur y Orville Wright? “Los jóvenes de hoy en día…” Lo jóvenes de hoy en día están más vivos que nunca.

Esto es una llamada de atención; a todas esas personas que nos hacen de menos, nos infravaloran, nos temen, nos insultan, nos abaten, nos desmotivan o nos quieren atar. A todas las personas que le han dicho a un niño pequeño que no diga tonterías, a todas los padres que le han dicho a sus hijos que eso no se podía hacer, a todos los abuelos que han quedado estancados en sus “cuando yo era joven, esas cosas no se hacían…” que sepáis que lejos de mover el mundo le estáis clavando chinchetas como si efectivamente la tierra fuera plana.

Nacemos, crecemos y nos convertimos en pequeños experimentos hasta que un día decidimos probar eso de la ciencia. Y es entonces cuando nosotros empezamos a experimentar.

La vida es una carrera, y aunque vosotros hayáis encontrado la meta, nosotros estamos de camino.

Sentaos y mirad, que nosotros, como siempre, ahí vamos.

I

Y con el frío…

Rose Heir salió del edificio con paso decidido pero andar inquieto, el frío de la calle la golpeó en plena cara como el primer gancho de un boxeador en combate, con los guantes fríos. Miró a ambos lados de la avenida ya casi desierta y luego al cielo estrellado. Al otro lado de la calle su reflejo la observaba desde la luna de un escaparate, con el rastro brillante que las lágrimas habían dejado por su mejilla y una sonrisa desesperada esperando en la comisura de su boca. Un pie delante del otro, así, poco a poco, y en cada paso un recuerdo, el primer abrazo, cálido, envolvente, el primer beso, fuerte, desesperado… La primera decepción, amarga.
En momentos así decidimos, decidimos cambiar de vida. Unos deciden cambiar su dieta, otros comenzarán a ir al gimnasio, otros viajarán. ¿Rose? Rose iba a matarle.

Esto no es una carta de amor

Ya sabes como me gusta dramatizar, y la manipulación y el juego. Ya sabes como me gusta enroscar y desenroscar para volver enroscar los tapones de las botellas. ¿Qué esperabas que hiciera ante un vida que no se dejaba desenroscar? Fue como ponerle un martini delante al alcohólico. Ya sabes como me gusta imaginar diálogos y discusiones y discursitos. Ya sabes como me gusta hacerme la víctima. ¿Realmente esperabas que pasara de largo? Pero es que yo no me esperaba que tú no me fueras a dejar. Desestabilizaste todas mis estrategias, destrozaste mis jugadas y peleaste mis batallas llegando a ser el tirano en esta guerra. Hermético e infranqueable. Eso decían.